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De miedo

Antes que nada, disculpas a todos los fieles de este modesto lugar. La mudanza (mutación en serio) fue y es compleja. Los tiempos se volvieron un bien escaso y este pequeño blog nunca logró un lugar de prioridad hasta ahora (y no sé cuando volveré). Sencillamente aclarar el día que abandone este espacio me despediré como corresponde. Mientras tanto mis ausencias tienen más que ver con que la vida me pasó por arriba. Ahora sí, al post.
Hace poco, antes de mudarme, tuve la oportunidad de ver un capítulo que tenía grabado de Enterprise. Es ese en que unos científicos reviven a unos borgs que se habían olvidado durante "First Contact".
La verdad que me dió miedo. Miedo al ver esos temibles borgs (para la tecnología de la época de Picard) con los rudimentarios e ingenuos seres humanos de la época de Archer.
Me encantó poruqe hacía mucho que algo virtual no me generaba algo así. En general es la vida misma la que produce miedo (¿para qué hablar más sobre Carmen de Patagones?, ¿acaso no es ,por lo menos, de miedo?).
Por ahí los borgs son como esos fantasmas que todos tenemos escondidos en algún lugar de nuestra cabeza, tal vez en ese rincón justo atrás de la nuca, entre las orejas. Ese pliegue que alcanzamos a vislumbrar cuando nos miramos al espejo, pero que sigue siendo un punto ciego.
Esos fantasmas que nos visitan de noche, o cuando nos quedamos solos, o cuando tenemos que enfrentar mil y una situaciones que nos asustan.
¿Qué rostro tienen tus borgs?
Los míos tienen el rostro del desprecio de la gente que respeto. El dolor, la enfermedad o la muerte de mis hijos o mi esposa. El dentista. Un bicho caminando por mi cuerpo. Una abeja dado vueltas. Los dientes de un perro. No saber cómo responder algunas preguntas.
Caramba, ¡cuántas caras! Y, lo peor, creo que la lista es super incompleta. Creo que los peores borgs son esos que no tienen rostro, que juegan su juego en las tinieblas y el anonimato.
Esos son los que me dan más miedo a ser asimilado, chupado, lobotomizado. Con los otros, los que puedo nombrar, es como que puedo hacerles un mano a mano (cuando me animo). Los que realmente joden la vida son los que no conozco o, ni siquiera, me animo a conocer o re-conocer.
Pero hay que acordarse que toda oscuridad es menos oscura de cerca. Que todos los ruidos son terribles a oscuras, y que la mayoría de las cosas que tememos son, por lo menos, manejables.
Hasta que termine de convencerme de eso, los Borgs van a seguir viniendo todas las noches y se van a seguir reproduciendo en aquel lejano pliegue de mi nuca, justo en medio de mis orejas.
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