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Sobre "Utopías e Imposibles" o "Star Trek: Voyager"

La excusa para pensar hoy ha sido Star Trek: Voyager (4º encarnación televisiva de la saga Trek).
La historia es sencilla y no del todo novedosa. La USS Voyager queda varada en el cuadrante Gamma (esto es muy, pero muy lejos del espacio de la Federación).
Saben cuál es el camino de regreso (a diferencia de la vieja "Perdidos en el Espacio") pero el problema es que les llevaría unos 80 años (número tirado por mí casi al azar porque no recuerdo el número correcto de años. Se agradecen precisiones de algún fan trekkie).
La capitán Janeway debe elegir entre dos opciones bien distintas:
1)Opción "realista": buscarse un bonito planeta clase "M" (o sea, habitable) que sea cómodo y seguro para desarrollar una colonia y vivir una vida normal.
2)Opción "utópica": comenzar el viaje de regreso que no podrán ver culminar porque es imposible que lo realicen en los años que les queda de vida. Esto implica, además, asumir todas las complicaciones y riesgos de semejante emprendimiento.
Janeway elige esto último (si elegiste la opción 1, jamás llegarás a capital de la Flota Estelar). Pone proa hacia el espacio de la Federación y ordena "Warp máximo".
¿Qué le pasó a Janeway?
¿Por qué tomó esta opción?
Creo que la capitán tenía la firme convicción de la "imposible" y "utopía" no eran sinónimos exactos.
Nuestra cultura, hiperpragmática y megaeficientista, nos ha llevado a creer que son lo mismo.
Y no es así.
Imposible alude, como término, al grado de factibilidad de un hecho o suceso, partiendo siempre (y esto es decisivo) de los datos conocidos en un momento dado. Tendemos a ver lo imposible como algo absoluto de irrevocable. Por eso los imposibles nos paralizan. Sin embargo, toda la historia de la humanidad nos revela que muchas veces lo imposible ha sido algo provisorio. Imposible es algo que, entonces, ahora y en este contexto, no puede ser. Una sencilla caracterización descriptiva, muchas veces provisoria y corregible.
Utopía es, en cambio, una valoración que me dice que algo es bello, deseable, anhelable. Es algo de tan alto valor que me mueve, me atrae hacia él aunque me parezca inalcanzable. El que descubre y abraza una utopía entiende para qué son los ideales. Los reconoce como puntos de referencia, direcciones para comenzar el recorrido. Son puntos cardinales antes que lugares reales. Cuando dices que quieres caminar hacia el norte, nadie cree que intentes alcanzar el polo norte magnético; cualquiera se da cuenta que tan sólo te ha seducido esa dirección concreta.
Por eso, el que descubre y abraza una utopía, pronto aprende que la meta es tan valiosa como el trayecto (si no lo creen, lean la trilogía del Señor de los Anillos).
La historia está repleta de miles de ejemplos de todo esto (los invito a buscar cada uno el que más resonancia le provoque).
Les comparto uno.
Hace muchos años, y durante mucho tiempo, el hombre no podía volar. El vuelo era para las aves. El vuelo era imposible (desde los conocimientos y tecnología de la época). Pero durante muchas generaciones, hubo un puñado de soñadores que en este imposible descubrieron una utopía. Y ellos fueron los pioneros de la aviación.
Si ellos hubieran vivido en una cultura hiperpragmática y megaeficientista hoy viajaríamos sólo en barcos y trenes.
Nuestra cultura nos dice que las utopías son imposibles (¿qué novedad hay en eso?), pero también dice que lo único que importa es el hoy, lo que te da un rédito (material) ahora.
No vale la pena caminar para transformar en posible lo imposible.
Cultura estúpida.
Cultura miope que no ve más allá de lo inmediato.
Cultura narcisista que no logra trascender al individuo (o el exacto centro geométrico de su ombligo, para ser más preciso).
Cultura que no deja soñar, creer, proyectar, vivir, anhelar, construir, cambiar.
Cultura mentirosa y homicida ("Las utopías han muerto")
Si sientes tu vida un poco opaca, deslucida, hueca, gris, rutinaria, agobiada, predecible, enclaustrada, ¿por qué no te preguntas cómo andas de utopías?
Seguro que tu corazón está enamorado de un buen ramillete de utopías (pequeñas o grandes, personales o colectivas, de más fácil acceso o de las otras).
¿No será que sentiste cierto desencanto cuando te dijeron que eran imposibles de alcanzar o que habían muerto?
Volvé a enamorarte de ellas y recordá cuál es su función: orientar y dinamizar tu vida.
Dejate seducir por las utopías.
Dejate enamorar por la aventura.
Dejate ganar por tus sueños.
Dejate atrapar por el camino aunque tenga riesgos.
Si logras valorar y disfrutar de los trayectos y no sólo de las metas, te aseguro que no quedarás defraudado.
Pon entonces proa a tus sueños y dile, como Janeway, al timonel de tu corazón: "Warp máximo; llévenos a casa"
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